EL FEMINISMO Y LA MODA LENTA COMO TRINCHERA

día de la Mujer 20182222

¿Cuántas cosas han cambiado desde el ocho de marzo pasado hasta ahora? Podría pensar que muchas, en el último año se despenalizó el aborto en Chile y se aprobó una ley que lo permite en tres causales (vamos por el aborto libre y seguro para todas); y aún sigo emocionada por la seguidilla de premios que ha conseguido la película Una Mujer Fantástica, que culminó el domingo pasado en el primer Oscar para un largometraje chileno.

Inmediatamente después pienso que no, que pocas cosas han cambiado en un año, las cifras de femicidios se mantienen, tampoco se ha legislado para terminar con la brecha salarial entre hombres y mujeres, y la incertidumbre de los cuatro años con Piñera como presidente terminan opacando los pocos logros conseguidos.

Para bien o para mal, lo cierto es que a nivel personal las cosas sí han cambiado para mí.

En un año he profundizado mi concepción del feminismo, ya no me cuestiono sí lo soy o no, y me he impregnado de nuevas ideas leyendo a autoras como Chimamanda Ngozie, Diana López, Francesca Gargallo, Arelis Uribe, Elena Favilli y Francesca Cavallo, todas recomendadísimas desde sus distintas perspectiva de lo que es el feminismo.

También he incorporado la perspectiva de género a mi vida, cosa que hasta el año pasado no hacía y creo es algo irreversible, al menos para mí. Lo grafico así, es como si toda mi vida hubiese tenido problemas de visión y de repente encontré los lentes con los que puedo ver todo clarito. De repente fue visible el sinfín de desigualdades que existen entre hombres y mujeres (y LGTBI+, migrantes, indígenas) sólo por pertenecer a dichas categorías.

Lo mismo me pasó con la moda hace un par de años. Desde que fui consciente de cómo opera la industria de la moda masiva, las precarias condiciones laborales de sus trabajadoras (¾ de lxs trabajadorxs textiles en el mundo son mujeres) o el nocivo impacto que han tenido en el medio ambiente (es la segunda industria más contaminante a nivel mundial, el primer lugar lo ocupa la industria del petróleo), no pude quedar indiferente. En ese momento mi vida también cambió, mis hábitos y mi forma de ser mutaron hacia un consumo más lento, responsable y consciente.

Pero ¿qué tiene que ver un tema con el otro? En algún momento pensé que estas dos posiciones no tenían un punto de convergencia, que yo iba a militar en estos lugares por caminos paralelos. En el transcurso de este último año comprendí que estos temas sí se relacionan entre sí y, por lo mismo, ya no pretendo trabajarlos por separado, sino como dos caras de un mismo fenómeno, como la trinchera desde donde quiero construir un mundo mejor.

Que esta fecha tan importante, el Día Internacional de la Mujer, nace a partir de un hecho macabro donde más de cien mujeres trabajadoras textiles murieron calcinadas en una fábrica mientras intentaban mejorar sus condiciones laborales, a fines del siglo XIX. Y que más de cien años después las cosas no han cambiado tanto, porque en 2013 más de 1200 personas murieron aplastadas en el desplome de una fábrica textil en Rana Plaza, Bangladesh (las víctimas fatales fueron en su mayoría mujeres).  

Este último hecho fue el que me hizo conocer cómo operaba la industria de la moda hoy, que los problemas de ayer aún persisten, sólo que en otros territorios. Este hecho marcó el inicio de mi camino en la moda lenta, y de forma inconsciente en el feminismo, porque la industria textil tiene rostro de mujer y ellas, al igual que yo, estamos oprimidas en distintos niveles por este sistema llamado patriarcado.  

Por lo tanto, desde el ocho de marzo pasado hasta ahora sí han cambiado las cosas. Tengo mucho más claro y ha sido revelador que los caminos por los cuales yo quiero trabajar se juntan, se complementan, se alimentan el uno del otro y me reafirman la senda que he tomado y que quiero que Curiocity siga, que es desarrollar un espacio en el cual exponer estos temas para construir una industria de la moda más transparente, justa y responsable, y que ese cambio sólo es posible en un mundo donde las mujeres finalmente podamos tener el trato que nos merecemos porque también somos personas, como diría la gran Angela Davis.

Por Camila Belén

Ilustración de Gerardo Emilio

Un comentario

  1. Maravillosa columna! Porque la construcción del mundo que queremos para nosotras y las que vienen requiere de la unión de todas las trincheras! Y porque esa construcción es política y tan cotidiana como las decisiones que tomamos y elegimos mantener en cada área de nuestras vidas. Qué poderosas somos cuando nos reconocemos corajudas! Sumemos, sumemos más!

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